—¡Te has vuelto loco!… —soltó Valeria, con la prenda todavía escondida a su espalda.
Alexander sonrió de medio lado y se acercó a ella, disfrutando de su visible nerviosismo.
—Parece que has encontrado algo que te ha gustado, ¿o me equivoco? —cuestionó, con un tono divertido que la hizo querer golpearlo.
—No tengo idea de por qué compraste esto —murmuró ella, sintiendo el calor invadir su cuello—. Es… es demasiado.
—Es perfectamente apropiado para mi esposa. Y lo he comprado porque lo u