Entraron a un restaurante que no estaba desolado como Valeria se imaginaba. De hecho, estaba abarrotado de personas, pero tras cruzar algunas palabras en la recepción, Alexander consiguió rápidamente una mesa vacía. Valeria se enteró después de que él ya la había reservado.
Se sentaron allí y esperaron la llegada del mesero, un joven elegante que se acercó presentándose y asegurando que estaría atento a cualquier necesidad. Valeria miró la carta, pero tenía muchas dudas; la verdad es que no sab