Sus padres no tardaron en aparecer. Marina fue la primera en abrazarlo, su rostro un reflejo de su profunda inquietud. Le tomó el rostro con ambas manos, mirándolo directamente a los ojos.
—Hijo, necesito hablar con Valeria de inmediato.
Alexander negó con la cabeza, su expresión era seria.
—No creo que sea correcto. Además, ella ya se encuentra durmiendo. Hablemos nosotros primero. Dime, ¿qué es lo que me quieren decir?
—Vamos a la sala —terció Adam, con su voz profunda.
Los tres se dirigieron