Valeria abrió los ojos con el alba. No había dormido bien, pero se había despertado temprano, con la intención de enfrentar la situación que la atormentaba. Todavía dudaba. No sabía cómo o de qué manera pedirle dinero a Alexander. No quería hacerlo, pero tampoco quería dejar a su madre a su suerte. Se encontraba en una encrucijada. Con la cabeza gacha, se levantó de la cama, se dirigió al baño y tomó una ducha rápida.
El agua caliente no tardó demasiado en reconfortar su cuerpo y aliviar la te