Una vez dentro del auto, Valeria se mantuvo callada en el puesto de copiloto. Su mirada estaba inmersa sobre los dos anillos que reposaban en su palma. Diana se dio cuenta y giró la cabeza hacia ella.
—¿Qué es eso que tienes en la mano, Valeria?—quiso saber.
—Son nuestros anillos, Mamá—explicó ella—. Hoy no te lo había contado, pero nos reunimos en la mañana. Me quité el anillo y se lo dejé en la mesa. Se lo dejé a él. Me comentó la enfermera que Alexander tenía mi anillo en su mano, apretándol