Su vestimenta estaba hecha un desastre. La sangre, ya seca y oscura, manchaba su camisa blanca por completo. Se encontraba en medio de la sala de espera, aferrándose a la única silla vacía, con el corazón en un hilo. No podía moverse, no se atrevía a alejarse. Valeria había sido llevada de emergencia para ser operada, y él continuaba allí, aguardando noticias del médico, aferrado a la esperanza de que ella sobreviviera.
Ya no era solo cuestión de su reputación o de las repercusiones que tendrí