—¿Qué estás haciendo? —gruñó Alexander entre dientes, el horror pintado en su rostro. Dina estaba paralizada. Los padres de ella se miraban, mudos, sin comprender lo que sucedía.
Marina miró a Adam, su esposo, exigiendo explicaciones con la mirada, pero él no tenía idea de lo que estaba pasando. La confusión se apoderó de todo el salón.
—¡Ahora mismo le quitaré la máscara a ese imbécil! —sentenció Valeria, su voz fuerte y clara resonando en el silencio—. ¡Ni siquiera debería llamarse ser huma