Valeria se despertó temprano, la luz tenue colándose por las cortinas. Reconoció que no estaba en su habitación habitual, sino en esa otra, en la casa de sus padres biológicos. Todo se sentía otra vez irreal.
Se arrastró casi hasta el baño y se miró en el espejo, observando cómo debajo de sus ojos había enormes surcos, evidencia de que, aunque había dormido, no parecía haber descansado lo suficiente. La marca de que se acostó bastante tarde, que durmió tarde, porque tenía muchas cosas en su me