Doris se frenó en seco al darse cuenta de la escena. Disimuló de inmediato, retirándose. Sabía que Alexander y Valeria estaban destinados, y se alegraba de la sinceridad que estaba surgiendo entre ellos, de que al fin el amor estuviera triunfando. Se sentía muy bien por ese desenlace. Retrocedió y decidió volver a sus quehaceres para darles privacidad, sin poder evitar sonreír ampliamente y sentirse emocionada por la franqueza de la pareja. Ella actuaría como la desentendida, aunque, para su fo