TANYA RHODES
Como la vez anterior, pude abrir los ojos, pero mi cuerpo no quería responder. Incluso respirar dolía, aun así, me esforcé para sentarme en la cama y buscar a Viggo, pero este había desaparecido. ¿Había sido imaginación mía lo que había pasado durante la noche? No, imposible, mi cuerpo no me mentía. Además, el desayuno en la cama con una hermosa rosa también lo confirmaban.
Sonreí como lo haría una mujer profundamente enamorada, tomé la rosa e inhalé su dulce aroma, antes de proba