TANYA RHODES
Caminé con cautela en el lugar. Olía a madera y cuero mezclado con la loción de Viggo. Entre más atención ponía, más cosas extrañas encontraba, empezando por la serpiente negra que me sacaba la lengua, como si supiera que era una invasora y estuviera a punto de morderme. Debajo de su terrario, en un pequeño apartado, había frascos con un líquido ambarino y no tuve que preguntar para saber que era el propio veneno de la serpiente.
Seguí caminando por el lugar, tentada a tocar, a in