TANYA RHODES
—Claro, cariño, pero no se tarden mucho, la comida está casi lista y todavía hay mucho que arreglar —dijo Silvia pellizcándome la mejilla con ternura antes de salir de la habitación, tarareando emocionada.
—Regresaste antes de lo que esperábamos —dijo el señor Thorne con calma, apoyando ambos antebrazos en la silla, entrelazando sus dedos—. La idea era que, cuando llegaras, todo estuviera listo.
»Me imagino que estás emocionada porque entrarás a la universidad, tu mamá debe de se