TANYA RHODES
Me quedé sorprendida, con la mirada clavada en la puerta, sin saber muy bien qué decir.
—¿Ese es el mejor doctor que pudiste conseguir? —preguntó mi madre con reproche, torciendo los ojos.
—Es un buen médico. Ve, te salvó a ti y a la bebé —contesté volteando hacia ella, mientras mecía con ternura a mi hermanita.
—Será un buen médico, pero es una pésima persona. —Mi madre extendió las manos para que le regresara a la niña—. ¿Dónde está Fabián? ¿Por qué no está aquí?
Desvié la mirad