VIGGO THORNE
Cuando las delicadas manos de Tanya se acercaron a la botella aún apoyada en mi boca, mi cuerpo se tensó. Mi memoria múscular me decía que la apartara de manera brusca, como solía hacer cuando tenía esas crisis, pero me controlé. Dejé que me quitara la botella mientras me perdía en sus ojos verdes y sus labios carnosos y delineados. Tenía la cara de una muñeca de porcelana, con sus cabellos castaños que soltaban destellos rojizos cuando eran acariciados por el sol.
—No puedes tomar