TANYA RHODES
Desvié la vista, queriendo de alguna forma no seguir incomodándolo con mis miradas. Hizo girar las ruedas, acercándose a la cama.
—Ayúdame a pasar a la cama. —En cuanto dijo eso de nuevo me quedé sin aliento. Me acerqué sin saber qué hacer.
—Solo ayúdame con mis piernas, yo haré el resto —dijo con calma apoyando un puño en el borde del colchón mientras que su otra mano se apoyaba en el asiento de la silla—. ¿Estás lista?
Tragué saliva y, sin saber muy bien lo que tenía que hacer,