NOAH THORNE
Llevaron a Vanessa a una habitación de cuidados intensivos. La bolsa con mi sangre ya colgaba del portasueros, nutriendo sus venas. Ella estaba tan pálida y ojerosa que me rompía el corazón verla. Me senté a su lado una vez que el movimiento en la habitación cesó y nos dejaron a solas. Tomé su mano, envolviéndola entre las mías, se sentía fría y no me apretaba.
Saqué el anillo del bolsillo de mi filipina y lo limpié antes de devolverlo a su dedo y besar su mano con ternura.
—Tal v