Mundo ficciónIniciar sesiónLa casa estaba mucho más silenciosa cuando llegamos, pero nadie parecía dispuesto a comportarse como si aquella fuera una noche normal.
—Quiero hombres revisando las cámaras de las carreteras cercanas —ordené apenas entré—. Contacten a nuestros informantes y averigüen si alguien vio movimientos extraños alrededor de la gala. —Sí, señor. —Y quiero localizar a Leonardo Moretti. Matteo se acercó. —Ya están buscándolo. —¿Valeria? —También. Mi teléfono vibró antes de que pudiera decir algo más. —Habla. —Encontré algo —respondió Marco—. Una cámara de las salidas laterales. —¿Sophie? —Sí. —Envíame la grabación. Abrí el archivo y la vi. Sophie caminaba sola por el pasillo cuando un hombre apareció detrás de ella y la sujetó. Intentó soltarse, pero otro salió de una puerta lateral y entre ambos comenzaron a sacarla del lugar. Sentí que la sangre me hervía. —¿Quiénes son? —Todavía no puedo identificarlos. —¿El vehículo? —Una camioneta negra. Salió por una vía secundaria y ya pude localizarla. —¿Dónde está? Marco me dio la ubicación. —Está frente a una propiedad aislada. El vehículo entró y no hay registros de que haya salido. —Entonces está ahí —dijo Matteo. —Probablemente. —Estoy intentando conseguir imágenes del interior —añadió Marco. —No pierdas más tiempo. Prepara a los hombres. Matteo asintió. —Voy contigo. —Lo sé. Isabella se acercó antes de que saliéramos. —Lorenzo... —¿Qué? —Tráela de vuelta. La miré. —Lo haré. ⸻ La camioneta se detuvo a cierta distancia de la propiedad. Matteo bajó conmigo y nuestros hombres se distribuyeron alrededor de la casa. —Vamos. La puerta cedió y los disparos comenzaron casi inmediatamente. Entramos cubriéndonos mientras nuestros hombres avanzaban detrás de nosotros. Matteo se desplazó hacia el otro extremo y comenzó a disparar mientras yo respondía al fuego. —¡Despejado! Continuamos por el pasillo. Un hombre apareció de repente frente a nosotros con el arma levantada. Disparé antes de que pudiera hacerlo. —¡Lorenzo! Matteo señaló una puerta. Corrí hasta ella, disparé al pestillo y la abrí. Y entonces la vi. Sophie estaba sentada en una silla, con las manos atadas detrás de la espalda y una venda cubriendo sus ojos. Me acerqué rápidamente y retiré la venda. Parpadeó varias veces hasta que finalmente consiguió enfocar la mirada. Entonces me encontró. —Lorenzo... Le sostuve el rostro. —Soy yo. Una lágrima recorrió su mejilla. —¿Te hicieron daño? Negó con la cabeza. —No. —¿Estás segura? —Sí. Le desaté las manos y, apenas quedaron libres, se frotó las muñecas. —Vamos a casa. La ayudé a levantarse, pero sus piernas fallaron y tuve que sujetarla. —Despacio. —Tenemos que irnos —dijo Matteo desde la puerta. Asentí. Antes de salir, uno de mis hombres se acercó. —Encontramos a dos personas intentando escapar por la parte trasera. —¿Leonardo? —No. —¿Valeria? —Tampoco. Miré a Matteo. —Encuéntralos. —Lo haré. Salimos de la propiedad. Sophie se detuvo apenas sintió el aire frío sobre su rostro. Cerró los ojos y respiró profundamente. La abracé. Al principio se quedó rígida, pero después rodeó mi cintura y escondió el rostro contra mi pecho. —Estás a salvo —murmuré—. Estás a salvo conmigo. —Pensé que no vendrías. Me separé para mirarla. —¿Cómo puedes pensar eso? —No sabía si sabías dónde estaba. —Sophie, habría recorrido cada maldito rincón de esta ciudad para encontrarte. Ella bajó la mirada. —¿Cómo me encontraste? —Las cámaras. Marco encontró la grabación de cuando te sacaron de la gala. Su rostro perdió color. —¿Viste eso? —Sí. —¿Me viste? —Te vi. Sus ojos se llenaron de lágrimas. —Yo estaba... —No tienes que explicarme nada ahora. La acerqué nuevamente a mí. —Primero vamos a casa. ⸻ Durante el viaje, Sophie permaneció en silencio hasta que finalmente habló. —Me llevaron cuando regresaba del baño. —¿Cuántos eran? —No lo sé. —¿Los viste? —No. —¿Te dijeron quién los mandó? Sophie miró por la ventana. —Leonardo. Me quedé inmóvil. —¿Lo viste? Asintió. —Estuvo conmigo. —¿Te hizo daño? —No. —¿Te amenazó? Tardó unos segundos en responder. —Me dijo algunas cosas. —¿Qué cosas? Me miró. Había miedo en sus ojos. Pero no era miedo hacia Leonardo. Era hacia mí. —Que tú... Se detuvo. —¿Qué? —Nada. Quiero llegar a casa. No insistí. Pero sabía que Leonardo le había contado algo. Algo que Sophie todavía no estaba preparada para decirme. ⸻ En cuanto llegamos, Isabella fue la primera en abrazarla. —Me alegra que estés bien, cariño. Mi madre se acercó después. —Siento muchísimo todo lo que has tenido que pasar esta noche. Sophie les sonrió, pero no parecía realmente presente. Su mirada recorría la habitación, deteniéndose en Matteo, en los hombres que nos esperaban y finalmente en mí. Ya había comenzado a entender que aquella noche había visto algo que no debía. Me acerqué y tomé su brazo. —Ven conmigo. —Lorenzo... —Tenemos que hablar. Subimos hasta mi habitación. Una vez dentro, cerré la puerta. Sophie se quedó frente a mí durante unos segundos antes de finalmente hablar. —Lorenzo... —¿Qué pasa? Respiró profundamente. —¿Perteneces a la mafia? No respondí. Sus ojos se abrieron. —Dios mío... —Sophie, déjame explicarte. —¿Eres un mafioso? No pude mentirle. —Sí. Retrocedió ligeramente. —Entonces todo lo que me dijo Leonardo es verdad. —¿Qué te dijo? —¿Eso es lo único que te importa? —preguntó con incredulidad—. ¿Quién me lo dijo? —No. Quiero saber qué sabes. —Me dijo que las familias Moretti y De Luca llevan años enfrentadas. Que tú eres un mafioso y que me secuestraron para hacerte enojar. No respondí. —Dime que está mintiendo. —No puedo. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. —Entonces todo este tiempo me han estado viendo la cara de tonta. —Nunca te mentí sobre lo que sentía por ti. —¡No estoy hablando de eso! Estoy hablando de quién eres. Me quedé callado. —¿Por qué nunca me lo dijiste? —Porque quería mantenerte al margen de todo esto. Sophie soltó una risa amarga. —¿Al margen? Me secuestraron por estar contigo. No pude negarlo. —No quería que formaras parte de esto. —Pero ya formo parte de esto, Lorenzo. La miré. —Lo sé. —¿Has matado personas? La pregunta me dejó en silencio. Sophie entendió la respuesta. Retrocedió. —Dios... —Sophie. —No te acerques. Me detuve. Se llevó las manos al rostro y respiró profundamente. —Yo dormía en tu casa. Cuidaba a tu hijo. Me sentaba a cenar contigo. Te besé. Su voz se quebró. —Y tú eras un mafioso todo este tiempo. —Sigo siendo el mismo hombre que conociste. —No. Ahora sé que no te conozco en absoluto. Aquello dolió más de lo que esperaba. Sophie se secó una lágrima. —Necesito pensar. Asentí. —Está bien. La vi marcharse. Y por primera vez en mucho tiempo, no me preocupaba lo que pudiera hacerme un enemigo. Me preocupaba lo que Sophie haría después de descubrir quién era realmente...






