Capítulo 25 : ¿Te Vas?

Bajé las escaleras intentando mantener la calma.

No la tenía.

Cuando llegué a la sala, encontré a Isabella, Matteo, Bianca y al señor Alessandro reunidos.

Los cuatro me miraron.

Isabella fue la primera en levantarse.

—Sophie...

—No.

Se detuvo.

No quería abrazos. No quería que intentaran tranquilizarme.

Quería respuestas. Miré a cada uno de ellos.

—¿Ustedes también son mafiosos?

Nadie respondió inmediatamente y ese silencio fue suficiente.

—Dios mío...

Bianca se acercó lentamente.

—Sophie, esto forma parte de nuestras familias desde hace generaciones.

La miré sin entender.

—¿Eso es un sí?

—Sí.

Sentí que el estómago se me revolvía.

—¿Todos?

—Los De Luca llevan generaciones perteneciendo a este mundo —explicó Bianca—. Quizás no puedas comprenderlo porque no eres italiana, pero las familias más antiguas y poderosas de este país han vivido así durante generaciones.

—¿Y ustedes son una de esas familias?

Alessandro respondió.

—Somos una de las familias más poderosas de Bellmont y el país.

Solté una pequeña risa, pero no había nada gracioso en aquello.

—Perfecto.

Isabella frunció el ceño.

—Sophie...

—Fue un error.

—¿Qué?

—Aceptar este trabajo. Fue un maldito error.

Me giré.

—Tengo que irme.

—No puedes —dijo Matteo.

Me detuve y lo miré.

—¿Perdón?

—No puedes marcharte así.

—¿Y por qué no?

—Porque ahora eres un objetivo.

Aquellas palabras hicieron que me quedara quieta.

—¿Qué quieres decir?

Isabella se acercó.

—Leonardo sabe quién eres.

—Ya lo sé.

—No, Sophie. No entiendes. Sabe que estás con Lorenzo. Sabe que eres importante para él.

—Yo no soy importante para nadie.

Matteo negó con la cabeza.

—Para Leonardo sí lo eres. Por eso te tomó.

Sentí un escalofrío.

—Entonces déjenme ir.

—¿A dónde? —preguntó Isabella—. ¿Crees que Leonardo va a olvidarse de ti porque salgas de esta casa?

—No lo sé. Pero al menos no estaré rodeada de mafiosos.

Isabella recibió mis palabras como una bofetada.

—Sophie...

—¡Me secuestraron!

Mi voz se quebró.

—Me sacaron de una gala, me vendaron los ojos, me metieron en una camioneta y me llevaron a una casa que ni siquiera sabía que existía. Y ahora descubro que todo esto forma parte de la vida de ustedes.

—Sophie —intentó decir Isabella.

—Yo vine aquí para cuidar a Noah. Eso era todo. Ese era mi trabajo.

—Lo sé.

—Entonces déjenme ir.

Isabella me miró fijamente.

—Ese era tu trabajo al principio.

Fruncí el ceño.

—¿Qué se supone que significa eso?

—Que cruzaste esa línea cuando te metiste con mi hermano.

Me quedé completamente quieta.

—Isabella...

—No estoy intentando hacerte sentir culpable. Estoy tratando de que entiendas lo que está pasando.

—¿Y qué está pasando?

Isabella se acercó.

—Te convertiste en el eslabón más débil de Lorenzo.

Sentí un vacío en el estómago.

—No soy ningún eslabón débil.

—Para ti quizás no. Para sus enemigos sí.

—¿Por qué?

—Porque eres su punto de quiebra, Sophie.

No supe qué responder.

—Lorenzo puede enfrentarse a Leonardo, a los Moretti, a cualquier hombre que intente desafiarlo. Puede tomar decisiones sin pensarlo dos veces cuando se trata de proteger a nuestra familia.

Isabella hizo una pausa.

—Pero contigo es diferente.

Negué con la cabeza.

—No sabes eso.

—Lo sé mejor que tú.

—Isabella...

—Leonardo también lo sabe. Por eso te secuestró.

Sentí un escalofrío.

—Y si sales de esta casa —continuó—, no podremos protegerte de los Moretti.

—Entonces tendré que protegerme sola.

—No entiendes.

Su tono cambió.

—Tampoco sabemos qué hará Valeria.

Me quedé mirándola.

—¿Valeria?

Isabella asintió.

—Ella no es como Leonardo.

—¿Qué quieres decir?

—Que Leonardo quiere hacer enfadar a Lorenzo. Valeria puede querer algo mucho peor.

Mi garganta se secó.

—¿Ella me haría daño?

Isabella guardó silencio durante unos segundos.

Aquello me asustó más que cualquier respuesta.

—Valeria es mucho más despiadada de lo que tú crees, Sophie. Mucho más de lo que imaginas.

—Pero ella no tiene nada que ver conmigo.

—Ahora sí.

—¿Por Lorenzo?

—Y porque descubrimos que es Aliada de los Moretti.

Aparté la mirada. No quería escuchar aquello.

No quería que me explicaran que había entrado en una guerra que ni siquiera sabía que existía.

—Yo no pedí nada de esto.

—Lo sé.

—No sabía quién era Lorenzo, ni quiénes eran ustedes.

—También lo sé.

Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

—Entonces déjenme ir.

Isabella se quedó callada.

—Sophie, si sales de aquí ahora, no sabemos qué puede pasar —Ahora respondió Matteo —. Y tampoco queremos tomarnos ese riesgo.

Me limpié rápidamente una lágrima.

—Necesito procesar todo esto.

Isabella intentó acercarse.

—Sophie...

—Por favor.

Mi voz se quebró.

—Solo necesito estar sola.

No esperé a que respondiera. Caminé hasta mi habitación sin detenerme.

Entré y cerré la puerta. Me quedé apoyada contra ella.

Por unos segundos no hice nada. Solo intenté respirar.

Todo lo que había ocurrido esta noche seguía dando vueltas en mi cabeza.

Me aparté de la puerta y caminé hasta el closet.

Necesitaba irme. Quizás era lo más sensato.

Abrí las puertas y busqué mi maleta entre mis cosas.

La encontré al fondo. La saqué y la coloqué sobre la cama.

Apenas estaba por abrirla cuando escuché unos golpes en la puerta.

Me quedé quieta.

—¿Sophie?

La voz de Noah hizo que mi corazón se apretara.

Caminé hasta la puerta y la abrí.

Él estaba allí. Sus ojos me recorrieron hasta detenerse en la maleta sobre la cama.

—¿Qué haces?

Intenté sonreír.

—Nada, cariño.

Noah frunció el ceño.

—¿Te vas?

No supe qué responder.

Su expresión cambió inmediatamente.

—¿Te peleaste con mi papá?

—No.

—¿Entonces pasó algo?

—Noah...

—¿Te hizo enojar?

Negué con la cabeza.

—No es eso.

Sus ojos bajaron nuevamente hacia la maleta.

—Entonces, ¿por qué te quieres ir?

Sentí un nudo en la garganta.

—Yo solo...

No pude terminar. Noah dio un paso hacia mí.

—Por favor, no te vayas.

Sus palabras me golpearon más fuerte de lo que esperaba.

—Noah...

—Desde que llegaste, mi papá sonríe más.

Parpadeé.

—Y está tranquilo —continuó—. Antes siempre estaba trabajando o enojado por algo. Ahora está diferente.

Sentí que mis ojos comenzaban a arder. Noah se acercó un poco más.

—Y yo estoy feliz porque estás aquí.

No pude decir nada.

—Por favor, Sophie.

Y entonces me abrazó. Sentí sus pequeños brazos rodearme la cintura.

Me quedé inmóvil durante un segundo.

Después cerré los ojos y me rompí.

Me agaché hasta quedar a su altura y lo abracé con fuerza.

Una lágrima escapó por mi mejilla.

No quería que la viera, no quería llorar.

No quería sentir que aquella casa ya se había convertido en algo más que un simple trabajo.

Pero Noah estaba allí y de repente entendí algo que había intentado ignorar desde que comencé a buscar aquella maleta.

Podía marcharme, podía alejarme de Lorenzo, podía fingir que nunca había conocido aquel mundo.

Pero no podía hacerlo sin lastimar a Noah.

Él no tenía la culpa de nada. No tenía la culpa de quién era su padre y su familia.

No tenía la culpa de los Moretti, ni tenía la culpa de aquella guerra.

Lo abracé un poco más fuerte.

—No me voy esta noche —susurré.

Noah se apartó ligeramente para mirarme.

—¿De verdad?

Asentí.

—De verdad.

Una sonrisa apareció en su rostro.

Y esa sonrisa terminó de destruir la poca determinación que me quedaba.

Miré por encima de su hombro hacia la maleta abierta sobre mi cama.

Quizás todavía no sabía qué iba a hacer.

Quizás necesitaba tiempo para entender quién era realmente Lorenzo De Luca y qué significaba todo aquello para mí.

Pero por ahora no podía irme.

No cuando había alguien en aquella casa que todavía me necesitaba.

Noah volvió a abrazarme y esta vez fui yo quien cerró los ojos, aferrándome a él mientras intentaba convencerme de que quedarme era la decisión correcta...

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