No pegué un ojo en toda la noche.Cada vez que cerraba los ojos, mi mente volvía una y otra vez al despacho de Lorenzo De Luca.Su voz, su mirada. La forma en que perdió el control y luego...La cocina, el silencio, su cercanía y sus manos.Apreté el rostro contra la almohada y solté un largo suspiro.—¿Qué demonios fue eso...? —murmuré para mí misma.No lograba entenderlo.Primero me trató como si hubiera cruzado un límite imperdonable.Después se disculpó con una sinceridad que no esperaba.Y, cuando pensé que todo había terminado...Terminó acorralándome en la cocina.Cada vez que recordaba la forma en que me había mirado, una incómoda sensación recorría mi cuerpo.Sacudí la cabeza."No"No iba a darle más vueltas.Lorenzo De Luca era mi jefe y nada más.Lo ocurrido aquella noche había sido un momento extraño que ninguno de los dos volvería a mencionar.Al menos, eso esperaba. Giré la cabeza hacia el reloj de la mesita.Las seis y diez.Dormir ya no era una opción. Me levanté con
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