Mundo ficciónIniciar sesiónAbro los ojos lentamente al sentir sobre mis piernas un pequeño peso. Al enfocar la mirada, me encuentro con Noah sobre mi regazo, completamente dormido.
Observo el reloj sobre la mesita de noche. Marca las cuatro y quince de la madrugada. Lo levanto con cuidado, acomodándolo sobre mi hombro antes de incorporarme de la cama con él. Debía llevarlo a su habitación antes de que Lorenzo se diera cuenta de que no estaba y esta casa se convirtiera en un caos innecesario. Salgo de la habitación con Noah en brazos. Subo las escaleras y paso frente a la habitación de Lorenzo hasta llegar a la de él. Lo acuesto en su cama, lo abrigo y dejo un beso sobre su frente antes de salir, procurando hacer el menor ruido posible. Sin embargo, antes de poder bajar nuevamente las escaleras, escucho voces. Me detengo. Son Matteo, Lorenzo y Marco, quien parece haber llegado hace apenas unos minutos. —La tenemos. —Llévenla al depósito. Marco asiente y se marcha, dejando a los hermanos De Luca solos. —¿Qué pretendes hacerle? —Solucionar cuentas con ella. —¿Estás seguro de que tuvo que ver en el secuestro de Sophie? Mi corazón se detiene por un instante al escuchar mi nombre. —Los hombres que sacaron a Sophie de la gala eran escoltas de ella. Tiene mucho que explicar. Lorenzo toma un último sorbo de su vaso, lo deja sobre la mesa y sale, seguido de Matteo, quien no pronuncia una palabra más. ¿De quién estaban hablando? Los observo salir de la casa y, sin pensarlo demasiado, bajo las escaleras para seguirlos. Al salir, la brisa fría de la madrugada me recibe de lleno. Miro hacia la derecha y los veo caminar por el jardín en dirección a un chalet que se encuentra a unos cuantos metros de la casa. Me debato entre seguir avanzando o simplemente regresar a mi habitación e intentar dormir. No podrás dormir si no averiguas de qué se trata. ¿A quién voy a engañar? Si no averiguo por mi cuenta de quién se trata, mi curiosidad no me dejará en paz. Suspiro y sigo sus pasos en medio de la oscuridad. Al llegar al chalet, veo que los hombres que se encontraban en la entrada entran detrás de ellos. Aprovecho que la puerta queda entreabierta y me deslizo al interior. El lugar es sobrio y está apenas iluminado. Escucho voces al final del pasillo, acompañadas por el sonido de varios pasos. Camino lentamente hacia ellas y me detengo al encontrarme con un grupo de hombres que obstaculizan mi vista. Entonces, una voz femenina rompe el silencio. —¡Suéltenme! Un escalofrío recorre mi cuerpo. Uno de los hombres se hace a un lado y finalmente puedo ver lo que ocurre. Lorenzo está frente a una mujer que parece estar atada a una silla. —¿Por qué tus hombres se llevaron a mi mujer? Mi respiración se corta. Mi mujer. Aquellas palabras me paralizan por completo. —No sé de qué hablas. —¿Ah, no? —interviene Matteo. Hace una señal con la cabeza. —Tráiganlo. Uno de sus hombres arrastra hasta ellos a un hombre que luce bastante golpeado. Apenas puede mantenerse en pie. —Habla —ordena Marco. El hombre levanta la mirada con dificultad. —La señorita había dado la orden de secuestrar a aquella mujer y llevarla a un depósito. Pero el señor Moretti interceptó a sus hombres y se la llevó. Lorenzo suspira. Lo veo sacar un arma de un costado y mi corazón comienza a latir con fuerza. Sin mediar palabra, apunta a la frente del hombre. El disparo retumba por todo el lugar. El cuerpo cae al suelo, inerte. Me llevo una mano a la boca para contener un grito. Lorenzo gira lentamente hacia la mujer y vuelve a levantar el arma. Uno de los hombres se hace a un lado, dejándome ver finalmente su rostro. Valeria. —¡Por favor, no me mates! —suplica—. Por lo que alguna vez tuvimos, Lorenzo. Por favor. Mi cuerpo reacciona antes que mi mente. Doy un paso hacia ellos. Los hombres inmediatamente notan mi presencia y levantan sus armas en mi dirección. —Lorenzo, detente. Me quedo detrás de él. Lorenzo se gira y, cuando sus ojos se encuentran con los míos, puedo ver el enorme asombro reflejado en su rostro. —¡Bajen sus armas! —ordena Matteo. Los hombres obedecen de inmediato. —Sophie... —Lorenzo me mira completamente desconcertado—. ¿Qué haces aquí? Observo a Valeria durante unos segundos antes de acercarme hasta quedar frente a él. —Lorenzo, por favor, no lo hagas —susurro—. Detente. Su expresión cambia. —No me pidas eso —espeta, molesto—. No después de lo que ella hizo. Se gira y vuelve a apuntar el arma hacia la frente de Valeria. Mi corazón se acelera todavía más. —Lorenzo, por favor... hazlo por mí —susurro a sus espaldas—. Te lo suplico. Mi petición parece no surtir ningún efecto. Observo el miedo crecer en los ojos de Valeria. Ella sabe que Lorenzo está dispuesto a hacerlo. Y, cuando veo la determinación en su mirada, comprendo que tengo que jugar mi última carta. —Si lo haces... me quedo. El silencio que sigue es absoluto. Lorenzo se queda completamente inmóvil. El arma continúa apuntando a Valeria, pero puedo ver cómo su mano comienza a tensarse alrededor de la empuñadura. —¿Qué dijiste? —pregunta finalmente. Trago saliva. —Que si la dejas con vida... me quedo. Lorenzo baja lentamente el arma, aunque no aparta la mirada de Valeria. Después se gira hacia mí. Sus ojos recorren mi rostro como si intentara descubrir si estoy hablando en serio. —No vuelvas a decir algo así para detenerme. —Lo digo en serio. —Sophie... —No quiero volver a huir de ti —confieso, sintiendo un nudo en la garganta—. Pero tampoco puedo quedarme sabiendo que vas a convertirte en un monstruo delante de mí. Su mandíbula se tensa. Durante unos segundos ninguno de los dos dice nada. Hasta que Lorenzo guarda el arma. Un suspiro de alivio escapa de mis labios. —Sáquenla de aquí. —ordena. Valeria levanta la mirada, confundida. —¿Qué? Lorenzo la observa con una frialdad que me hace estremecer. —He cambiado de opinión. Dos hombres se acercan a ella y comienzan a desatarla. —Pero si vuelves a acercarte a Sophie... —Lorenzo hace una pausa—. No habrá una segunda oportunidad. Valeria no responde. Los hombres se la llevan. Cuando finalmente desaparecen por el pasillo, Lorenzo vuelve a mirarme. —¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer? Asiento lentamente. —Sí. Lorenzo entrecierra los ojos y da un paso hacia mí. —Acabas de hacer un trato conmigo. Lo miro confundida. —No hice ningún trato contigo. Una sonrisa ladeada aparece en sus labios. —Oh, claro que sí. Antes de que pueda reaccionar, Lorenzo se acerca y me sujeta por la cintura. —¿Qué haces? En cuestión de segundos, siento cómo me levanta del suelo y me coloca sobre su hombro. —¡Lorenzo! Comienzo a golpear su espalda mientras él se incorpora como si no pesara absolutamente nada. —¡Bájame! —No. —¡Lorenzo, bájame ahora mismo! Mis gritos hacen que Matteo, Marco y los demás hombres se giren hacia nosotros. La vergüenza se apodera de mí al instante. —¡¿Por qué me estás cargando así?! Lorenzo ni siquiera se digna a responder. Simplemente comienza a caminar hacia la salida del chalet conmigo sobre su hombro. —¡Lorenzo De Luca! Escucho una pequeña risa detrás de nosotros. —Esto se está poniendo interesante —murmura Matteo. —¡No te rías, Matteo! ¡Ayúdame! —Creo que esta vez no puedo hacerlo, Sophie. —¡Matteo! Lorenzo continúa caminando sin prestar atención a ninguno de mis reclamos. Atravesamos el jardín mientras sigo intentando convencerlo de que me baje. —¡Te estoy hablando! —Lo sé. —¡Entonces bájame! —No. —¡Eres insoportable! —También lo sé. Aprieto los labios, completamente frustrada. Cuando llegamos a la casa, Lorenzo abre la puerta y entra conmigo todavía sobre su hombro. Algunos empleados que se encuentran en el vestíbulo se quedan mirándonos con evidente sorpresa. ¿Acaso no duermen? —¡Lorenzo, por favor! No responde nada. Continúa caminando como si llevarme de aquella manera fuera la cosa más normal del mundo. Sube las escaleras conmigo mientras yo sigo intentando liberarme. —¡Te juro que voy a matarte! —Susurró para que nadie me escuche. —Puedes intentarlo. —¡Bájame! —Cuando lleguemos. —¡¿A dónde?! No responde. Finalmente, llegamos al segundo piso. Lorenzo camina por el pasillo hasta llegar a su habitación. Abre la puerta y entra conmigo. Solo entonces me baja. Mis pies tocan el suelo y doy varios pasos hacia atrás, intentando recuperar la dignidad que acabo de perder frente a media casa. Me acomodo el cabello y lo fulmino con la mirada. —¿Qué demonios te pasa? Lorenzo cierra la puerta detrás de nosotros. El sonido de la cerradura hace que mi expresión cambie ligeramente. Él se gira hacia mí. Su expresión ya no tiene aquella sonrisa burlona. Ahora vuelve a ser el hombre serio que conozco. Da un par de pasos hacia mí. —Tenemos cosas que hablar. Trago saliva. Y, por alguna razón, esas palabras consiguen ponerme mucho más nerviosa que todos los gritos que le había dado segundos atrás...






