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Capítulo 29 : Todo Esto Es Confuso

Escucho unos toques a los lejos. Cuando finalmente abro los ojos me exaltó a darme cuenta que me encuentro aún en la habitación de Lorenzo.

"Como pude quedarme aquí"

Miro a mi lado y Lorenzo no se encuentra. Cuando estoy por levantarme veo la puerta frente a mi abrirse y salir él con la toalla enredada en su cintura y su torso aún húmedo.

—Buenos días. —Espeta mientras con su mano mueve su cabello húmedo.

Los toques a la puerta vuelven. Camina hacia la puerta y rápidamente me levanto.

—¿Qué haces? —Susurró.

—Ver quién es —Me mira —. Pero primero vístete.

Rápidamente me doy cuenta que lo único que llevo son mis bragas. Toma del suelo su camisa y me la coloca.

Antes de que camine a la puerta corro rápidamente al cuarto de baño y me encierro allí.

¿Qué haces Sophie?

No debí amanecer en la habitación de Lorenzo y menos cuando todo el mundo ya está despierto en esta casa.

¿Qué haces Soph?

Me acerco al lavabo abriéndolo y lavándome el rostro. Recojo mi cabello en una cola alta.

La puerta del baño se abre entrando Lorenzo. Se coloca detrás mío mirándome a través del espejo frente a nosotros y deja un beso en mi hombro.

—Solo era Elisa para avisarme que pronto servirá el desayuno.

—Debo salir de aquí para poder arreglarme y empezar mi día con Noah.

—Aún duerme. Supongo que está aún cansado.

—Pero despertará pronto así que tengo que irme.

Antes de que pueda salir me sujeta por la cintura llevándome de vuelta a él.

—¿Qué pasa Sophie?

—Todo esto es confuso. —Me giró mirándolo —. No sé cómo llevar ahora todo. Como me mirará tu familia ahora o cómo tratarte frente a ellos.

—Sophie, nada a cambiado excepto nuestra relación. Del resto no importa que digan o que pase.

—No puedo Lorenzo. Se supone que soy la niñera de Noah.

—Y lo seguirás siendo, pero también eres mi mujer ahora.

¿Qué?

—¿Desde cuándo? —Suelto una risa irónica —. Que yo sepa ni siquiera he pasado por ser tu novia.

—Eres mi mujer desde que en esa cama te he hecho gemir y venirte como nunca Sophie Collins.

Aquellas palabras hicieron que mis mejillas se ruborizaran y el calor recorriera todo mi cuerpo.

—Y hablando de eso —Lleva sus manos a mis mejillas —. ¿Cuando llega tu periodo? No nos hemos cuidado las dos veces que hemos estado juntos y puede ocurrir un embarazo.

—No lo creo...

—¿Por qué? —Me mira curioso.

Bajé la mirada hacia mis manos. No sabía por dónde empezar ni cómo explicarle algo que, durante tantos años, había aprendido a aceptar como una verdad.

—Cuando era más joven, empecé a tener problemas con mi menstruación. Era muy irregular y, después de varios estudios, los médicos descubrieron que mis ovarios no funcionaban correctamente.

Hice una pausa. Incluso después de tantos años, decirlo en voz alta seguía resultándome extraño.

—Me diagnosticaron insuficiencia ovárica primaria.

Lo miré y pude notar la confusión en sus ojos.

—¿Qué significa eso?

—Que mi reserva ovárica era muy baja y que mi cuerpo no ovulaba con normalidad. El médico me explicó que mis posibilidades de quedar embarazada de manera natural eran extremadamente bajas.

Sentí un nudo en la garganta.

—¿Te dijeron que no podías tener hijos?

Negué lentamente con la cabeza.

—No exactamente. Nunca dijeron que fuera imposible. Dijeron que era muy, muy improbable. Pero yo era joven y no entendía demasiado de medicina. Solo escuché lo que quería escuchar... que probablemente nunca sería madre.

Bajé la mirada nuevamente.

—Con el tiempo dejé de hacerme preguntas. Dejé de imaginarme con hijos. Dejé de pensar siquiera en la posibilidad de quedar embarazada.

Mis dedos se entrelazaron sobre mi regazo.

—Por eso tomé esta profesión con niños. De alguna manera llena ese vacío de saber que nunca podré ser mamá.

Lorenzo se quedó en silencio.

No sabía qué estaba pensando. Su mirada había cambiado, pero no podía descifrarla.

—Sophie...

—Por eso no creo que exista ninguna posibilidad de que esté embarazada —murmuré—. Sé que no es imposible, pero... después de tantos años escuchando que era muy poco probable, simplemente dejé de pensar en ello.

Lorenzo acarició suavemente mis manos.

—Entonces tendremos que esperar.

—¿Esperar qué?

—A que llegue tu periodo. Y si no llega...

Lo miré con cierta inquietud.

—¿Qué?

—Lo averiguaremos juntos.

Mi corazón dio un pequeño vuelco.

No sabía por qué aquellas palabras me habían provocado una sensación tan extraña.

Quizás porque, por primera vez en mucho tiempo, alguien hablaba de aquella posibilidad sin tratarla como una tragedia.

***

Termine de peinar mi cabello y me mire en el espejo. Estaba lista para comenzar mi día con Noah.

Salí rápidamente de mi habitación y subí a la segunda planta por Noah.

Al entrar a su habitación se encontraba  leyendo uno de sus libros favoritos.

—Buenos días Noah.

—Buenos días Sophie —Me regaló una sonrisa de boca cerrada —. ¿Por qué me trajiste a mi habitación?

Su reclamo me hizo sonreír. Me acerco a él y acaricié su mejilla.

—Porque debías dormir cómodamente  en tu habitación.

—Pensé que te habías marchado...

—No cariño —Ne agaché a su altura acomodarle el cuello de su polo —. Te dije que no me marcharía.

—¿Ya no estás molesta con mi papá? —Negué —. ¡Genial!

—Permiso —Me giré encontrándome a Elisa en la entrada —. El desayuno ya está listo.

—Ya vamos.

Me incorpore tomando la mano de Noah y saliendo de su habitación juntos. Al llegar al comedor se encontraban el señor Alessandro, la señora Gretel e Isabella.

—Buen día para todos.

Dije ayudando a Noah a sentarse y tomando asiento a su lado.

—Buenos días Querida —Gretel fue la primera en saludarle y regalarme una pequeña sonrisa.

—Sophie...¿cómo dormiste? —Me preguntó Isabella cautelosamente.

—Bien.

Le regalé una sonrisa de boca cerrada. Ella y yo teníamos una conversación pendiente pero sería luego.

—Buenos días familia.

Matteo apareció con su buen humor. Se acercó a mí y dejó un beso sobre mi cabeza para luego agacharse a mi altura.

—¿Todavía sigues molesta con nosotros? —Susurró a mi oído y negué  —. Entonces puedo estar el doble de feliz hoy.

—Buenos días.

La voz de Lorenzo se hizo presente. Levante la mirada encontrándolo frente a nosotros mirando a su hermano de manera fija.

Matteo levantó sus manos y se sentó al otro extremo de la mesa. Lorenzo se acercó dejando un beso sobre la cabeza de Noah, para luego tomar asiento el otro extremo del cabezal de la mesa.

—Sophie —Matteo llamó mi atención —. Deberías llamar a Emily. Me dijo que desde esta mañana que te estuvo llamando y no contestabas.

"Emily"

Ni siquiera sé dónde carajos terminé mi teléfono luego de lo de ayer.

—Gracias. La llamaré luego desde aquí ya que perdí mi teléfono.

—Pediré que te traigan uno —Respondió Lorenzo —. No te preocupes por eso.

—¿Cómo tienes el número de su mejor amiga y porque hablas con ella? —Cuestionó Isabella a Matteo.

Rápidamente mi mirada y la de los demás presente cayó en él haciendo que este por primera vez desde que lo conozco luciera nervioso.

—Bueno yo...nos caímos bien el día que acompañé a Sophie a su casa.

—¡Claro! Se me olvidaba lo parlanchín que puedes ser.

Gretel rápidamente cambia el tema, suspiro agradeciéndoselo mentalmente.

Tenía que llamar a Emily y calmarla porque no podía contarle la verdadera identidad de Los De Luca...

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