Capítulo 32 : Quédate

—Matteo, ¿dónde está Emily?

Matteo me mira directamente.

—Está bien.

Parpadeo.

—¿Qué?

—Emily está bien, Sophie.

—¿Está herida?

—No.

—¿Estás seguro?

—Sí.

Siento que mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas.

—¿Qué pasó?

Matteo respira profundamente.

—Intentaron incendiar el apartamento.

Mi corazón se detiene.

—¿Con Emily dentro?

—Sí.

Me llevo una mano a la boca.

—Dios mío...

—Mis hombres estaban cerca —continúa Matteo—. Entraron en cuanto detectaron el fuego y lograron sacarla antes de que fuera demasiado tarde.

Lo miro completamente sorprendida.

—¿Tus hombres?

Matteo asiente.

—Sí.

—¿Dónde está Emily ahora?

—La están llevando a la mansión.

—Quiero verla.

—La vas a ver.

—No, quiero irme ahora. —Mi voz tiembla —. Necesito verla.

Lorenzo aprieta suavemente mi mano.

—Vamos a casa.

Asiento.

No quiero esperar un segundo más.

El trayecto de regreso a la mansión se siente interminable.

Lorenzo lleva nuestras manos entrelazadas sobre su regazo.

No puedo dejar de pensar en Emily. En nuestro apartamento, en el fuego o en lo que pudo haber ocurrido.

—¿Seguros que está realmente bien? —pregunto nuevamente.

Matteo, sentado frente a nosotros, asiente.

—Sí.

—¿No tiene ninguna herida?

—No.

—¿Seguro?

—Sophie, está bien.

Trago saliva.

—¿Cómo lograron sacarla?

—Mis hombres estaban vigilando el edificio.

Lo miro.

—¿Desde cuándo?

Matteo hace una breve pausa.

—Desde hace algún tiempo.

—¿Por qué?

—Por precaución.

No dice nada más y yo tampoco pregunto.

No ahora.

Solo quiero llegar.

Lorenzo permanece a mi lado en silencio. Su mano continúa sujetando la mía.

Cuando finalmente el automóvil se detiene frente a la mansión, bajo inmediatamente.

Lorenzo viene detrás de mí.

Matteo e Isabella también.

Cruzo la puerta principal prácticamente corriendo.

—¡Emily!

Mi voz resuena por el vestíbulo.

No obtengo respuesta.

Doy unos pasos hacia la sala y entonces la veo.

Mi corazón se encoge.

Emily está sentada en uno de los sofás. Tiene el cabello completamente desordenado, su ropa está arrugada y cubierta de hollín.

Hay manchas oscuras en su rostro y todavía puede percibirse el olor a humo.

Pero está viva.

—Emily...

Ella levanta la mirada.

En cuanto me ve, sus ojos se llenan de lágrimas.

—Sophie.

Corro hacia ella.

Emily se pone de pie y viene directamente hacia mí.

Nos abrazamos.

La rodeo con mis brazos y la aprieto con todas mis fuerzas.

—Dios mío...

—Sophie...

—¿Estás bien?

—Fue horrible— Su voz se quiebra —. Pensé que iba a morir.

Cierro los ojos.

—No digas eso.

—Pensé que no iba a salir.

La abrazo todavía más fuerte.

—Pero saliste.

Emily comienza a llorar.

—Había humo por todas partes. No podía respirar. No sabía qué hacer.

Me separo ligeramente para mirarla.

—¿Te lastimaste?

Ella niega con la cabeza.

—No.

—¿Segura?

—Sí.

La observo de arriba abajo.

No veo ninguna herida. Solo el miedo todavía reflejado en sus ojos.

—Gracias a Dios —Vuelvo a abrazarla —. Cuando Matteo me dijo que habían atacado el apartamento pensé que...

No consigo terminar la frase.

Emily me abraza nuevamente.

—Yo también pensé que no iba a salir.

Nos quedamos en silencio unos segundos hasta que ella se separa y mira alrededor. Después sus ojos se dirigen hacia Matteo.

—¿Quiénes eran esos hombres?

Matteo da un paso hacia nosotras.

—Mis hombres.

Emily frunce el ceño.

—¿Tus hombres?

—Sí.

—¿Por qué había hombres tuyos vigilando mi apartamento?

La pregunta queda suspendida en el aire.

Miro a Matteo.

Él me observa durante un instante. Sabe que debe tener cuidado con lo que dice.

—Por seguridad —responde finalmente.

Emily parece todavía más confundida.

—¿Seguridad de qué?

—Después de algunos incidentes recientes, consideré prudente aumentar la protección alrededor de Sophie.

Emily me mira.

—¿Qué incidentes?

Siento un nudo en el estómago.

No puedo responder. Matteo interviene antes de que tenga que hacerlo.

—Nada que necesites preocuparte ahora.

Emily frunce el ceño.

—Pero alguien acaba de intentar incendiar nuestra casa.

—Precisamente por eso —dice Matteo—. No quiero que vuelvas allí.

Emily guarda silencio.

—¿Entonces qué hago?

Matteo la mira directamente.

—Quiero proponerte que te quedes aquí.

Emily parpadea.

—¿Aquí?

Ella mira alrededor.

—Sí.

Emily parece incómoda.

—Matteo, yo no puedo simplemente mudarme aquí.

—Puedes.

—Pero...

—Emily, alguien intento hacerte daño.

Sus ojos se llenan nuevamente de lágrimas.

—No quiero causar problemas.

Isabella quien se había mantenido al margen se acerca y toma sus manos.

—No eres un problema Emily. Eres la amiga de Sophie, casi su hermana y eso te hace importante para nosotros también.

—Pero mis cosas, mi ropa...

—Ahora mismo lo importante no es eso.

La miro a los ojos.

—Lo importante es que estés segura.

Emily permanece callada.

Matteo continúa:

—Puedes quedarte el tiempo que necesites. Tendrás una habitación propia y seguridad permanente.

Emily lo mira.

—¿Y por qué harías todo esto por mí?

Matteo guarda silencio durante un segundo.

—Porque eres importante para Sophie.

Lo miro.

La respuesta es sencilla.

Y, al mismo tiempo, suficiente para que Emily no haga más preguntas.

—Además —añade—, después de lo que ocurrió esta noche, sería irresponsable dejarte regresar a ese apartamento.

Emily baja la mirada.

—Podremos ocuparnos de eso después —le digo.

Ella suspira.

—No sé qué hacer.

Me acerco y la abrazo.

—Quédate.

Emily permanece unos segundos en silencio entre mis brazos.

Finalmente asiente.

—Está bien.

Se separa y me mira.

—Me quedaré.

Sonrío.

—Bien.

Emily vuelve a mirar a Matteo.

—Pero necesito entender algo.

Matteo arquea ligeramente una ceja.

—¿Qué?

—¿Desde cuándo tenían hombres vigilando mi apartamento?

Matteo la observa durante unos segundos.

—Desde hace poco.

—¿Y por qué nunca me lo dijeron?

—Porque no queríamos asustarte.

Emily deja escapar una pequeña risa nerviosa.

—Bueno, ahora estoy bastante asustada.

—Lo entiendo.

—Y confundida.

Matteo asiente.

—También lo entiendo.

Emily mira hacia mí.

—Sophie...

—¿Sí?

—¿Hay algo que no me estás contando?

La pregunta me deja inmóvil.

Miro a Lorenzo.

Él permanece serio. Matteo tampoco dice nada.

Emily observa nuestras caras y parece darse cuenta de que existe algo que todos estamos evitando decir.

—Porque siento que hay algo que no sé.

Me acerco a ella.

—Ahora mismo no necesitas preocuparte por nada más.

—Pero...

—Primero necesitas descansar.

Emily me mira durante unos segundos.

Finalmente asiente.

—Está bien.

Isabella aparece en la entrada de la sala.

—La habitación ya está siendo preparada.

Emily se gira hacia ella.

—¿De verdad puedo quedarme?

Isabella sonríe.

—Por supuesto.

Emily parece un poco más tranquila.

—Gracias.

—No tienes que agradecerlo.

Isabella se acerca y le coloca una mano sobre el hombro.

—Después de lo que viviste esta noche, lo mínimo que podemos hacer es darte un lugar seguro.

Emily asiente.

Isabella la sujeta del hombro y sube las escaleras acompañada de ella.

Se que todavía tiene muchas preguntas.

Preguntas para las que no estoy preparada para responder.

Y por primera vez, comprendo que mantenerla al margen de la vida secreta de los De Luca puede resultar mucho más difícil de lo que pensaba.

Porque ahora Emily vive bajo el mismo techo que ellos.

Y tarde o temprano va a empezar a preguntarse quiénes son realmente...

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