Capítulo 14 : Le Gustas

—Gracias por el almuerzo y por traerme de vuelta.

—No tienes de qué agradecer Soph —Me regaló una sonrisa —. Espero te siga yendo muy bien con la familia de Luca.

—Yo espero lo mismo.

Dejo un beso en mi mejilla y se marchó. Suspire cerrando la puerta y al girarme me encontré con Emily la cual me mira curiosa.

—¿Tú, con Daniel? Eso sí que no me lo esperaba.

—No es lo que piensas. —Camine hasta llegar al sofá y tirarme en el —. Me invitó almorzar, conversamos, le dejé los puntos claros y los acepto.

—Vaya...

—Me encontré a la familia de Luca —Sus ojos rápidamente se abrieron —. Con Isabella, Matteo y Lorenzo.

—¿Y?

—Fue extraño. Lorenzo no dejaba de mirar a nuestra mesa y su semblante era duro, con solo una mirada parecía que quería desaparecer a Daniel.

—¡Le gustas! Es más que obvio después de lo sucedido en su casa —Aplaude —. Tienes al hombre más rico e importante de Bellmont babeando por ti.

—No digas estupideces —Tiro un cojín a su rostro —. Las horas extras en el hospital te están afectando.

—Cuando ese hombre termine rendido a tus pies ya lo verás.

Su móvil suena y se marcha contestándolo. Suspiró y me levantó yendo a mi habitación pensando aún en el rostro de Lorenzo de Luca.

***

Llega el miércoles y luego de dormir hasta casi medio día. Me levanto a pasar un poco de tiempo con Emily.

En la tarde llega la camioneta de la familia de Luca y me despido de Emily con la promesa de vernos el próximo martes.

Al bajar me despido del señor Ricci y al salir del edificio me encuentro con Marco a un lado de la camioneta.

—Señorita Sophie.

—Marco.

—Hay alguien que quiso acompañarme a recogerla.

"Que no sea quien creo"

Abre la puerta de la camioneta dejándome ver a Lorenzo y a su lado un Noah el cual baja prácticamente corriendo y se acerca a mí.

—¡Sophie! —Me abraza dejándome sorprendida por su gesto —. Que aburrida es la casa sin ti.

Su confesión me deja perpleja. Noah era un niño que casi no mostraba sus emociones o tenía muestras de afecto.

—Yo también te extrañaba.

—¿Aquí vives? —Observa el edificio con curiosidad —. ¿Podemos entrar?

—Eso lo decide tu papá cariño.

Noah gira a mirar a Lorenzo quien ha bajado de su auto y observa el lugar con atención. Observo con más detenimiento y me doy cuenta que hay tres camionetas más cerca de nosotros, pero manteniendo su distancia.

—Papa, ¿podemos entrar a conocer la casa de Sophie?

Lorenzo me miró buscando aprobación. Asentí y luego le regaló una fugaz sonrisa a su hijo asintiendo.

Tome la mano de Noah y entramos al vestíbulo seguidos de su padre y Marcó. El señor Ricci los observó y les dio un cálido saludo.

Al subir al elevador no podía evitar sentirme nerviosa con la presencia de Lorenzo detrás mío.

Su sola cercanía en una misma habitación bastaba para hacerme estremecerme.

Al detenerse el elevador, salimos y tocó el timbre del apartamento.

Escucho a Emily del otro lado a medida abre la puerta.

—Se te quedó...

Sus palabras quedan detenidas al ver a Noah, Lorenzo y Marco.

—¡Así que tú eres Noah! —Musita con una gran sonrisa —. Soph me habló de ti y de los libros que se ha leído.

—Eres Emily su mejor amiga —Ella asiente —. También me hablado de ti.

Le extiende su mano y Emily se la recibe con ternura.

Entramos al apartamento y Noah observa fascinado el lugar.

—Es muy lindo tu hogar. Me gusta muchísimo.

Se acerca a la ventana observado parte de la ciudad desde las alturas.

Lorenzo se para a mi lado y observa a Emily.

—Emily, él señor es Lorenzo de Luca mi jefe. Señor Lorenzo ella es Emily Carter mi mejor amiga.

Emily extiende su mano y Lorenzo la recibe asintiendo.

—Mucho gusto señor de Luca y bienvenido.

—Gracias.

—Emily, el es Marco jefe de seguridad.

—Un gusto señorita —Marco toma su mano dejando un beso en ella —. Es un placer conocerle.

—Igualmente.

Noah queda fascinado por la gran colección de figuras de lego que mantiene Emily en la repisa de la sala y esta le ofrece enseñarle algunos más que tiene en su habitación.

Marco se disculpa saliendo atender una llamada y quedó a solas con Lorenzo haciendo que el ambiente se vuelva tenso.

—¿Gusta un café, te o agua?

—No. Pero sí me gustaría hablar con usted a solas.

Sentí un ligero nudo en el estómago.

Asentí y miré hacia el pasillo. Emily acababa de llevar a Noah a su habitación para enseñarle unos legos, mientras Marco salía al balcón a responder una llamada.

—Sígame.

Camine seguida de él hasta mi habitación. Cuando cerré la puerta y quedamos en silencio, volví a mirarlo.

—¿Ocurre algo? —pregunté rompiendo el silencio.

Él tardó unos segundos en responder.

—El hombre con el que almorzó el lunes.

Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.

De todas las cosas que esperaba escuchar, esa definitivamente no era una de ellas.

—¿Daniel?

—Supongo que así se llama.

Lo observé confundida.

—¿Por qué lo pregunta?

Lorenzo metió una mano en el bolsillo del pantalón mientras caminaba lentamente observando algunas fotografías sobre un pequeño mueble.

—Porque estaba con usted.

Fruncí el ceño.

—¿Y eso representa algún problema?

Sus ojos volvieron a los míos.

—Depende.

—¿Depende de qué?

—De quién sea él para usted.

Una pequeña sonrisa incrédula apareció en mis labios.

—¿Está interrogándome?

—Estoy haciendo una pregunta.

—Y yo no entiendo por qué.

Él sostuvo mi mirada sin pestañear.

—Porque usted trabaja para mí.

No pude evitar soltar una pequeña risa.

—Creo que eso no le da derecho a preguntar con quién almuerzo durante mi día libre.

Su mandíbula se tensó apenas un instante.

Casi imperceptible.

—Tiene razón.

Por un momento pensé que la conversación terminaría ahí.

Pero volvió a hablar.

—De cuánto pueda afectar su desempeño con Noah.

Parpadeé varias veces.

—Eso es absurdo.

Él permaneció impasible.

—No mezclo mi vida personal con mi trabajo.

—¿Está segura?

Sentí que la paciencia comenzaba a abandonarme.

—Muy segura.

Di un paso hacia él.

—Con todo respeto, señor De Luca, usted no puede preguntarme con quién almuerzo en mis días libres.

Su mirada permaneció fija en la mía.

—Puedo preguntar.

—Y yo puedo decidir no responder.

El silencio volvió a instalarse entre los dos. Ninguno estaba dispuesto a ceder.

—Daniel es mi compañero en la universidad —dije finalmente—. Me invitó a almorzar. Eso es todo.

—¿Le interesa?

La pregunta salió tan seca que me hizo parpadear.

—¿Perdón?

—¿Él le interesa?

Lo miré completamente desconcertada.

—¿Por qué está haciendo esa clase de preguntas?

—Respóndame.

Sentí que algo dentro de mí explotaba.

—No.

Di otro paso hasta quedar frente a él .

—Ahora respóndame usted. —Sus ojos no se apartaban de los míos —. ¿Por qué le importa tanto?

Su mandíbula se tensó.

—No me importa.

No pude evitar sonreír.

—Entonces está mintiendo muy mal.

Por primera vez vi una grieta en su serenidad.

Muy pequeña, pero estaba ahí.

—Desde que entró a este apartamento no ha dejado de preguntarme por Daniel. No por mi trabajo, ni por Noah. Si no por Daniel.

Su respiración se volvió más profunda.

—Está sacando conclusiones equivocadas.

—¿Ah, sí?

Me acerqué un poco más. Lo suficiente para que solo unos centímetros nos separaran.

—Entonces míreme a los ojos y dígame que no le molestó verme con él.

El silencio fue su única respuesta.

—Eso pensé...

Intenté apartarme. Pero su mano sujetó suavemente mi muñeca.

Me giré de nuevo, nuestros rostros estaban peligrosamente cerca.

—Señor De Luca...

—No siga.

—¿Por qué?

—Porque... —Su voz sonó más baja que nunca —.Va a hacer que pierda la poca cordura que me queda.

Lo miré sin comprender.

—¿Y eso qué significa?

Lorenzo sostuvo mi mirada unos largos segundos. Como si estuviera luchando contra sí mismo.

Hasta que, de repente, dio el último paso. Su mano subió lentamente hasta mi mejilla.

Y antes de que pudiera reaccionar, sus labios se apoderaron de los míos de manera intensa profunda.

Aquel beso fue tan inesperado que mi mente quedó completamente en blanco.

Cuando se separó, ambos respirábamos con dificultad.

Lo observé incapaz de entender qué acababa de suceder.

Él abrió la boca.

—Sophie... yo...

—¡Papá!

La voz de Noah resonó desde el pasillo.

Los dos nos apartamos de inmediato. Noah apareció sonriendo, con un robot de Lego en las manos, completamente ajeno a lo que acababa de ocurrir.

—¡Mira lo que Emily me regaló!

Lorenzo dio un paso atrás y recuperó, casi por obligación, su habitual expresión impasible.

Pero yo seguía sintiendo el calor de aquel beso sobre mis labios.

Y por primera vez desde que había llegado a trabajar para la familia De Luca, ya no sabía qué pensar de Lorenzo...

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP