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Capítulo 15 : No Debió Hacerlo

El camino de regreso a la mansión fue insoportablemente silencioso.

Noah iba sentado a mi lado, completamente entretenido armando el pequeño robot de Lego que Emily le había regalado. Hablaba de vez en cuando para mostrarme alguna pieza o contarme cómo pensaba modificarlo cuando llegáramos a casa.

Yo sonreía, asentía, respondía, pero en realidad, apenas escuchaba.

Mi mente seguía atrapada en el apartamento.

En aquel beso. Podía sentirlo todavía.

Como si Lorenzo hubiera dejado una marca invisible sobre mis labios.

Me obligué a mirar por la ventana.

Los edificios fueron desapareciendo poco a poco hasta dar paso a las enormes avenidas privadas que conducían a la mansión.

No levanté la vista ni una sola vez hacia el asiento delantero.

Sabía perfectamente que él estaba ahí.

Y, aun así...

No fui capaz de mirarlo.

Las enormes rejas negras comenzaron a abrirse lentamente.

La camioneta atravesó la entrada principal y se detuvo frente a la escalinata.

Noah prácticamente salió disparado.

—¡Tengo que enseñarle mi robot a mi tía Isabella!

Sonreí al verlo correr hacia la puerta principal.

—Despacio, Noah.

Ni siquiera me escuchó.

Suspiré divertida.

—Los niños...

Murmuré más para mí que para alguien más.

Cuando cerré la puerta de la camioneta, sentí una presencia detenerse a mi lado.

"Lorenzo"

No hizo el menor intento por hablarme.

Yo tampoco.

Entré a la casa sin volver la cabeza.

El resto de la tarde me dediqué únicamente a Noah.

Le preparé la merienda, le ayudé con las tareas.

Leímos dos capítulos del libro que habíamos comenzado la semana anterior.Después jugamos una partida interminable de ajedrez.

Hice cualquier cosa con tal de mantenerme lejos de Lorenzo. Cada vez que escuchaba pasos en alguno de los pasillos, cambiaba de dirección.

Si Isabella aparecía, aprovechaba para conversar con ella.

Si Matteo estaba cerca, buscaba cualquier excusa para preguntarle algo sobre Noah.

Incluso terminé ayudando a una de las cocineras a decorar unos postres.

Todo servía. Todo, menos cruzarme con él. Porque no tenía idea de qué debía decirle.

¿Qué se supone que hace una mujer cuando su jefe la besa sin previo aviso?

La sola idea conseguía que el calor volviera a subir por mi cuello.

La noche llegó casi sin darme cuenta. Después de cenar, ayudé a Noah a ponerse el pijama.

—¿Otro capítulo?

Preguntó haciendo un pequeño puchero.

Sonreí.

—Solo uno.

—Prometido.

Nos acomodamos sobre la cama y comencé a leer.

Cinco páginas después...Noah ya dormía profundamente.

Cerré el libro con cuidado.Aparté un mechón de cabello de su frente y dejé un beso sobre ella.

—Buenas noches, pequeño.

Apagué la lámpara y salí de la habitación procurando no hacer ruido.

El pasillo estaba completamente en silencio.

Las luces tenues de las paredes apenas iluminaban el largo corredor.

Respiré hondo.

Solo tenía que llegar a mi habitación.

Eso era todo.

Comencé a caminar.

Uno...

Dos...

Tres pasos.

Hasta que una puerta se abrió frente a mí.

Me detuve en seco. Era la habitación de Lorenzo.

Él salió al pasillo al mismo tiempo que yo pasaba frente a su puerta.

Nuestros ojos se encontraron. El tiempo pareció detenerse.

Ninguno habló, ninguno se movió.

Solo nos mirábamos. Su corbata ya no estaba.

Llevaba los primeros botones de la camisa desabrochados y las mangas remangadas hasta los antebrazos, como si hubiera terminado de trabajar hacía apenas unos minutos.

Nunca lo había visto tan expuesto. Tan lejos del hombre impecable y perfectamente controlado que conocía.

Mi corazón empezó a latir con fuerza.

—Señor De Luca...

Mi voz salió apenas como un susurro.

Él dio un paso hacia mí, pero instintivamente retrocedí.

No porque tuviera miedo, sino porque tenía miedo de mí misma.

Su mirada descendió un instante hacia mis labios, para luego volver a mis ojos.

—¿Me está evitando?

Preguntó con aquella voz grave que parecía envolver todo el pasillo.

Tragué saliva.

—No.

Una mentira.

Los dos lo sabíamos.

Una pequeña sonrisa, casi imperceptible, apareció en la comisura de sus labios.

—Es una pésima mentirosa.

Sentí que el corazón se aceleraba todavía más.

—Lo que ocurrió esta tarde...

Comencé.

Pero las palabras se quedaron atrapadas en mi garganta.

Él dio otro paso. Ahora apenas nos separaba un brazo de distancia.

—¿Qué ocurrió esta tarde?

Preguntó, obligándome a levantar la vista.

Lo miré incrédula.

—¿Va a fingir que no pasó?

Su expresión se volvió seria otra vez.

—No he dejado de pensar en ello desde que salimos de su apartamento.

Aquella confesión me desarmó por completo.

Bajé la mirada un segundo.

—No debió hacerlo.

Su respuesta llegó casi de inmediato.

—Lo sé.

—Entonces... ¿por qué?

El silencio se extendió entre nosotros.

Lorenzo exhaló lentamente, como si ni él mismo encontrara una respuesta.

Cuando está a punto de contestar, voces en las escaleras nos alertan. Me sujeta del brazo y me jala hacia dentro de su habitación.

Mi corazón comenzó a latir con tanta fuerza que estaba convencida de que él podía escucharlo.

La puerta se cerró con un leve clic.

Afuera, las voces seguían acercándose por el pasillo.

Lorenzo permanecía frente a mí, inmóvil, atento al sonido del otro lado.

Yo, en cambio, apenas podía respirar. Era la primera vez que entraba en su habitación.

No era ostentosa, como habría imaginado.

Predominaban los tonos oscuros, la madera y el cuero. Todo estaba impecablemente ordenado. Había una enorme biblioteca ocupando una pared completa, un escritorio con varios documentos perfectamente alineados y, frente a los ventanales, una pequeña mesa con una botella de whisky y dos vasos intactos.

La habitación hablaba de él. Sobria, silenciosa y controlada.

Como si no existiera espacio para el desorden...

Las voces del pasillo sonaron mucho más cerca.

—¿Crees que todavía está despierto? —preguntó una voz masculina entre risas.

Reconocí a Matteo de inmediato.

Otra voz respondió algo que no alcancé a entender, seguida por una carcajada.

Contuve la respiración por puro instinto.

Lorenzo levantó una mano, indicándome en silencio que no hiciera ningún ruido.

Asentí.

Los segundos parecieron eternos. Hasta que los pasos continuaron alejándose por el corredor.

Solo entonces ambos soltamos el aire al mismo tiempo. No pude evitar esbozar una pequeña sonrisa y él también.

Fue apenas un gesto fugaz, pero bastó para borrar durante un instante la tensión que nos había acompañado desde el apartamento.

—Parece que nos salvamos —murmuré.

—Por poco.

Su voz sonó baja, tranquila.

Cuando fui a dar un paso hacia la puerta, él se movió al mismo tiempo.

Nuestros cuerpos quedaron demasiado cerca otra vez.

Podía percibir el suave aroma de su colonia mezclado con el café que, seguramente, había tomado mientras trabajaba.

Levanté la vista.

Él ya me estaba mirando.

No con la intensidad desafiante de aquella tarde.Esta vez había algo distinto.

Algo más sereno, más vulnerable.

—Sophie...

Pronunció mi nombre con una suavidad que nunca antes le había escuchado.

Sentí un estremecimiento recorrerme.

—No quiero que piense que ese beso fue un impulso sin importancia —Mis labios se entreabrieron, pero ninguna palabra salió de ellos —.Porque no lo fue.

Su mano acarició mi mentón, bajó lentamente por mi cuello haciendo que una sensación de electricidad se apoderara de mi.

Sin previo aviso me sujetó por el cuello y me atrajo a él de manera salvaje tomando mis lambidos y vendándolos de manera demandante.

Mi cuerpo reaccionó enrollando mis manos sobre su cuello a medida me sujetaba por la cintura levantándome para caminar conmigo y tirarme sobre su cama.

Mis manos empiezan a desabrochar su camisa mientras su boca se despoja de la mía y empieza a repartir besos por mi cuello a medida baja.

Mis manos empiezan cuerpo se arquea ante la sensación y a este punto no pienso razonar de mis actos.

Sus manos sueltan los botones de mi camisa ahora, dejando a la vista mi sostén negro. Sus manos bajan a mi pantalón soltando con rapidez el botón de este y deshaciéndose de este.

Se levanta terminando de quitar su camisa, dejándome los tatuajes que trae en su cuerpo.

Se acerca colocando sus dedos sobre mis bragas y bajándolas lentamente.

Suelta su cinturón sacándoselo, se acerca a mí juntando mis dos manos por encima de mi cabeza y con el cinturón las amarra apretándolas.

Su boca toma la mía, mientras abre mis piernas y entra en mi haciéndome arquear mi cuerpo.

Su amarre sobre mis manos toma fuerza a lo mismo que sus embestidas. Acomoda mis piernas mientras su otra mano tapa mi boca ahogando mis gemidos.

Sus ojos miran los míos y puedo ver como brillan embelesado.

Finalmente suelta mis manos, permitiéndome colocarlas sobre su pecho a medida sigue embistiéndome.

Su mano sujeta mi cuello mientras pasea su lengua sobre mis labios humedeciéndolos. Eso es suficiente para hacerme perder la cordura.

Lo empujo haciéndolo caer a la cama, puedo ver el asombro en sus ojos y eso me hace ladear una pequeña sonrisa.

Me subo sobre el y empiezo a cabalgarlo haciendo que de su boca salga un gemido bastante ruidoso.

Mi cuerpo empieza a tensarse. Aumento el movimiento, mis piernas tiemblas y me dejo llevar por el orgasmo que llega a mi.

Me sujeta de la cintura y es ahora el quien toma el control de toda la situación. Escucho como jadea y finalmente da un último gemido terminando de la misma forma.

Trato de bajarme de él, pero me lleva a su pecho descansando mi cabeza sobre el. Acaricia mi cabello mientras que solo se escucha nuestras respiraciones regularse.

Siento todo mi cuerpo cansado, empiezo a relajarlo y cierro los ojos dejándome llevar por el cansancio...

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