Capítulo 51 Retrato de la familia feliz
Leónidas se recostó en el asiento trasero del automóvil, observando las luces de la ciudad a través de la ventana del vehículo.
Su respiración ya se había normalizado, pero … sus labios todavía conservaban una sensación de calor que lo irritaba profundamente.
Había sido impulsivo. Él no era un hombre impulsivo. Se suponía que ese matrimonio era un movimiento estratégico, una pieza en un tablero para beneficio de los niños.
«Fue solo un beso de advertencia», intentó convencerse a sí mismo, aunque el sabor de ella en su boca desmentía la mentira. «Solo quería marcar territorio. Demostrarle quién tiene el mando para que deje de tratarme como a un extraño».
Pero recordaba la calidez de su piel, el modo en que Ariana se había aferrado a su camisa y, sobre todo, ese momento en que sus lentes se empañaron. Ella se había quedado indefensa ante él, y en lugar de sentir satisfacción por su victoria, Leónidas había sentido algo mucho más peligroso: hambre.