Capítulo 102 El momento de conversar
—Duérmanse los dos, ya es muy tarde —les susurró con esa voz autoritaria que solía usar en la oficina, aunque esta vez carecía de verdadera dureza.
—Ella no nos gusta, tío. Y Ariana está triste aunque trate de sonreír —insistió Elías, ignorando la orden de silencio.
Leónidas sintió un peso insoportable en el pecho. Sus sobrinos, los hijos de Graciela, a los que juró proteger con su vida, estaban sufriendo las consecuencias de sus malas decisiones. Se acercó