Capítulo 24 Mis sobrinos no son niños tiernos y adorables
El restaurante era muy exclusivo. El maître los condujo a una mesa apartada, envuelta en una penumbra estratégica.
Luces indirectas se proyectaban en las paredes.
Talina cruzó sus brazos simulando un poco de frío, llamando la atención sobre el escote drapeado de su vestido griego y el inicio de sus senos.
Quería parecer femenina y delicada y que, como otras veces, Leónidas le colocara su chaqueta sobre los hombros. Esperaba que Leónidas, al menos por un segundo, se quedara sin aliento. Pero, en lugar de eso, escuchó el leve golpe metálico del teléfono de él contra la mesa.
Antes de sentarse, Leónidas consultó la pantalla con una rapidez que delataba su urgencia. Sus cejas se juntaron apenas un milímetro, un gesto que para cualquier otro sería invisible, pero que para Talina fue como un gesto desprecio hacia ella, ya que la ignoraba y le presto más atención su teléfono.
— ¿Esperas una llamada o un mensaje importante? —preguntó e