Capítulo 24 Mis sobrinos no son niños tiernos y adorables
El restaurante era muy exclusivo. El maître los condujo a una mesa apartada, envuelta en una penumbra estratégica.
Luces indirectas se proyectaban en las paredes.
Talina cruzó sus brazos simulando un poco de frío, llamando la atención sobre el escote drapeado de su vestido griego y el inicio de sus senos.
Quería parecer femenina y delicada y que, como otras veces, Leónidas le colocara su chaqueta sobre los hombros. Esperaba que Leónidas,