Capítulo 54 Una extraña familia
Reinaldo no respondió. Simplemente, salió de allí dejándolo solo con sus berrinches. El viejo ya estaba acostumbrado a esas salidas de Leónidas cuando lo confrontaban, en verdad estaba a punto de pensar que no había madurado.
Mucho más tarde esa noche, el silencio reinaba en la mansión.
Leónidas salió de su habitación vestido con una bata y un pantalón de pijama.
Como acostumbraba cuando estaba en casa, fue a la habitación de los niños; sin embargo, al escuchar una dulce canción infantil, se detuvo. El sonido era tan íntimo, tan tierno, que tuvo la sensación de ser un intruso. Estuvo a punto de retirarse, pero la dulzura de su voz tiró de él con la fuerza de un imán.
Entró al dormitorio, apenas iluminado por la luz tenue de una lámpara en la mesita de noche. Ariana se inclinaba sobre los niños y los arropaba suavemente.
Una sonrisa se asomó a sus labios; aquel gesto conmovió a Leónidas. Él recordaba poco de su infancia, pero a su mente acudió el recue