Capítulo 27 Fidelidad y Exclusividad
Leónidas no era un hombre que creyera en las disculpas, mucho menos por disculparse por un asunto que aclaro de antemano.
Lo último que deseaba era convertirse en un hombre casado y eso lo sabía Talina.
Nunca le había prometido nada a ella; quizás ella se vio a sí misma como su amante especial, pero la lealtad de él se debía simplemente a que no le gustaban las mujeres de una noche.
La mujer que estuviera a su lado tendría su promesa de exclusividad, pero eso no significaba que hubiera un futuro compartido. Para él, ella era solo una mujer para satisfacer una necesidad física, aunque, por supuesto, debía desearla y excitarse con ella.
Una cosa era casarse y otra muy distinta tener una amante exclusiva. No le había mentido: nunca le ofreció matrimonio, tampoco pensó en casarse hasta que la tragedia lo obligó, y no cargaría con la responsabilidad de que Talina se hubiera hecho ilusiones por su cuenta. Respiró profundo y se dirigió a la salida del ho