Capítulo 26 El momento de la verdad
A la mañana siguiente del encuentro amoroso entre Leonidas y Talina, el sol se filtraba de forma agresiva a través de los ventanales de la suite, pero Leónidas ya estaba despierto. Se sentía pesado, con esa amargura en la boca que no dejaba el brandy, sino la culpa.
Talina dormía a su lado, con una sonrisa de satisfacción que a él le resultaba casi ajena.
Se levantó sin hacer ruido, salió de la habitación y se refugió en el salón de la suite. Necesitaba saber de los niños, la verdadera razón por lo que haría todo lo que estaba dispuesto a hacer.
Sacó su móvil y accedió al sistema de seguridad de su residencia. Quería ver cómo habían pasado la noche los niños.
Al revisar los registros de audio y video de la habitación de los sobrinos, encontró algo que no esperaba. Una llamada activa a altas horas de la madrugada.
Ni siquiera le sorprendió que tuvieran su número de teléfono, como pensó fue Elías. Ese niño era más astuto de lo que le convenía.
Leónida