Capítulo 28 Movimientos estratégicos
—Yo… señor Celis… disculpé la intromisión, soy Talina.
— ¿Qué hace usted llamando a mi casa? —tronó la voz al otro lado.
—Es que…
— ¿Le sucedió algo a mi hijo? —interrumpió el viejo Celis, y su voz, antes de desprecio, se escuchó cargada de una angustia repentina.
Talina supo de inmediato que había cometido un error inmenso. La rabia no la había dejado pensar con claridad; si Leónidas llegaba a saber que ella había alterado la paz de su padre con insinuaciones alarmantes, no la perdonaría jamás.
—No, no, señor, no es eso —se apresuró a decir, intentando estabilizar su tono—. Es que Leónidas me dijo que se va a casar por el bien de los niños… y yo solo quiero enviar a la afortunada un regalo de agradecimiento.
Hubo un silencio sepulcral, denso como el plomo.
— ¿Qué…? ¿Mi hijo se va a casar?
—Eso me dijo…
Talina solo escuchó el golpe seco del teléfono al ser colgado. Se quedó estupefacta, mirando el dispositivo móvil en su mano.
—Ese viejo… ese maldi