Me resultó casi imposible conciliar el sueño. Mi luna estuvo allí, a centímetros, y su mera presencia era un caos de sensaciones. Cuando su cuerpo buscó el mío, aferrándose por instinto a mi calor, sentí que mi corazón se desboco. Mi hombría palpito, un eco de deseo y anhelo que luchó ferozmente contra cada fibra de mi autocontrol.
Siento cómo se mueve, cómo se apreta suavemente contra mí. Al verla abrir los ojos, percibo su momentánea desorientación, pero bastaron unos segundos para que su cab