Acepto la invitación de Drack para descansar en su cueva, aunque la tenue luz apenas ilumina las sombras. Él me ofrece una mano para guiarme, y por un instante dudo. Mi instinto, sin embargo, me empuja a confiar. Cuando nuestros dedos se entrelazan, una corriente recorre mi cuerpo, un escalofrío que no es de frío, sino de una extraña excitación. Su tacto, aparentemente inocente, logra erizarme la piel.
Caminamos por la cueva durante varios minutos, la oscuridad se enrosca a nuestro alrededor, s