La mañana del alta médica llegó con una puntualidad aséptica. El hospital, que durante días había sido una burbuja de suspensión, comenzó a expulsarla hacia la realidad con la misma eficiencia con la que se administra un fármaco. Victoria observaba a la enfermera apilar los formularios de salida, pero sus oídos solo registraban el zumbido de fondo de una ciudad que no se detuvo a esperarla.
En esa habitación se habían librado batallas silenciosas. Victoria repasaba los fragmentos de las últim