Daniel no respondió. No hizo comentarios, no reclamó nada, ni buscó imponer su autoridad corporativa frente a las provocaciones del empresario. Simplemente deshizo la rigidez de su postura, se dio media vuelta con una parsimonia glacial y comenzó a alejarse a grandes zancadas entre la multitud de invitados, perdiéndose en el mar de trajes hechos a la medida y vestidos de diseñador.
Victoria lo observó marcharse durante unos segundos más de lo estrictamente necesario, siguiendo el andar firme d