La camioneta abandonó el espeso bosque con una lentitud prudente. Las enormes ruedas del vehículo de asalto avanzaban con un traqueteo constante sobre el camino irregular de tierra, mientras las siluetas de los árboles oscuros finalmente comenzaban a quedar atrás, cediendo su lugar a la luz pálida del amanecer.
Todo en el entorno parecía regresar a una relativa tranquilidad. Tras las balaceras, las persecuciones a pie y la fría madrugada en el refugio, aquello ya calificaba como una mejora con