Daniel se puso de pie con un movimiento fluido, sacudiéndose de encima la rigidez corporativa y el polvo invisible de la alfombra. La enfermera, notando el súbito cambio en su postura, siguió automáticamente la dirección de su mirada fija en el umbral.
—Oh… señora Meléndez —pronunció la mujer, rompiendo la tensión del momento.
La enfermera sonrió enseguida con una calidez y amabilidad evidentes, abriendo la puerta un poco más.
—Pase, por favor. Es un verdadero gusto conocerla finalmente e