La camioneta de asalto atravesó las imponentes puertas principales de la mansión poco después del mediodía. El trayecto de regreso desde los linderos de la carretera había transcurrido en una calma absoluta; una quietud excesiva, como si el espeso bosque hubiera quedado atrás de forma definitiva, pero no todo el cúmulo de revelaciones y peligros que habían ocurrido dentro de su territorio.
Los vehículos apenas terminaron de detenerse sobre el suelo empedrado del patio cuando varias personas de