46. EL SECRETO ARDE
[SOFÍA]
El hotel está en silencio, pero no me fío. Afuera todavía se escuchan risas lejanas de algunos mecánicos que siguen celebrando, y pasos aislados en los pasillos. Camino hacia la habitación de Francesco con el corazón en la garganta, rezando no cruzarme con nadie.
Llevo puesta una sudadera con capucha y el cabello recogido de cualquier manera, como si eso pudiera hacerme invisible. El corredor huele a alfombra recién limpia, pero para mí huele a peligro. Cada crujido de la madera bajo mi