[SOFÍA]
La suite del hotel está en penumbra. Afuera, la ciudad sigue rugiendo con autos, luces y voces, pero aquí adentro todo está quieto. Demasiado quieto.
Huele a champagne viejo, a tela húmeda, a carrera ganada. Y a él.
Francesco se mueve apenas en la cama, el torso desnudo bajo la sábana, el cabello todavía húmedo por la ducha rápida que se dio después de escapar de la fiesta del equipo.
Yo estoy sentada a su lado, con una pierna doblada sobre la otra, en camiseta y con el corazón latiéndo