128. SIN ESCUDOS
[SOFÍA]
22 de enero
El amanecer llega despacio, filtrándose por las cortinas como un suspiro dorado. El viento sopla con fuerza allá afuera, golpeando las ventanas, pero aquí dentro el silencio tiene otro peso. El aire huele a café recién hecho, a madera quemada, a esa mezcla cálida que huele a hogar.
El fuego de anoche —de nuestros cuerpos, nuestras palabras, de ese reencuentro tan esperado— dejó un eco suave en la habitación: sábanas revueltas, respiraciones calmas y la certeza de que el amor