En otro momento, lo sé, me habría quedado callada, con la cabeza gacha, aceptando todo sin protestar. Pero no ahora. Hoy saco fuerzas de lo más profundo de mi corazón, de un lugar que ni siquiera sabía que existía. No me dejaré pisotear nunca más. No lo haré… porque si lo hago, ¿qué clase de ejemplo le daré a mi bebé?
Solo falta el abogado de Adán. El mío, enviado por Nikolaus, está a mi lado, sereno, observando en silencio la escena que tengo frente a mí. Mi respiración está agitada, pero firme