Eva Davies.
Siento que mi cuerpo arde y no lo pienso dos veces antes de abalanzarme sobre él, besándolo con un desespero que me consume.
Igual que en su oficina, no hay espacio para la cordura. Intento separarme, pero sus manos me sujetan con fuerza de los glúteos, como si no pensara dejarme escapar.
No entiendo cómo sucede, pero de pronto estoy sobre él, en el asiento del piloto.
Sonrío contra sus labios, todavía sin aliento.
—No somos adolescentes —susurro, aunque mi voz suena más tentada qu