Capítulo 30
Nikolaus Hoffman.

Beso su frente y salgo de la casa. Un mal presentimiento me acompaña desde la mañana, desde que la vi sentarse a desayunar conmigo.

—¿Estás segura de que estarás bien? —pregunto, sin saber ya cuántas veces he formulado la misma pregunta—. En verdad puedo quedarme.

—No detendrás tu vida por mí, Hoffman. Ve, volverás dentro de un par de días —responde con un tono suave y una sonrisa que ilumina su rostro.

Muchas veces me dije a mí mismo que Eva es una muñeca, una mujer hermosa…
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