Adán García.
Su rostro está más pálido que la última vez que la vi. Sus ojeras parecen haberse duplicado y ese comportamiento errático, casi esquivo, me indica lo nerviosa que le pone mi presencia.
—¿Me lo dirás? —pregunto nuevamente, intentando contener la impaciencia que me quema por dentro.
—Solo es agotamiento físico —responde con voz firme, aunque sus ojos esquivan los míos—. Creyeron que podría ser otra cosa y me mandaron a hacer análisis, pero todo salió en orden. Él solo me informaba.
N