Liliana
El beso fue como una explosión de estrellas en el cielo, una ráfaga de fuego que calentó mi cuerpo desenfrenadamente, el que sentía como un trozo de madera encendido y no fue hasta que le respondí con rabia, dolor y quizás un poco de necesidad, que se estabilizó. Jamás había sentido algo igual, aunque tampoco es que yo haya besado a muchos hombres claro está. Mi respiración está demasiado acelerada y mi cuerpo tembloroso, es como si hubiese sido un encuentro dentro de un cuadrilátero.