Liliana
La limusina se detiene. Pensé que iríamos a la casa de Lorenzo, pero estamos frente a un club suntuoso y bastante concurrido. El chofer anuncia la llegada y no puedo evitar mirarlo, él devuelve una especie de mueca, se nota que no soporta estas cosas.
Pero claro, es un tío insoportable y arrogante. Debe sentirse muy bien, solo. No me habla, tampoco yo. Sin embargo, al salir del vehículo una lluvia de flashes nos baña como si fuese un torrente fluvial, me desoriento un poco y Lorenzo me