Capítulo 30

Liliana

La sensación de tener los labios aun hinchados me acelera el pulso de una manera que me asfixia. No he pegado un ojo en toda la noche. Cada vez que cerraba los párpados, volvía a sentir la presión de las manos de Lorenzo en mi cintura, el calor de su cuerpo acorralándome contra el barandal de madera de la terraza y ese beso… ese maldito beso. No tuvo nada de falso, mucho menos de manipulado y mi corazón en ese momento dio un vuelco tremendo porque en el fondo necesitaba ese acercamiento
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