Lorenzo—Lamentablemente el plazo ha caducado. Tu empresa pasará a mis manos en exactamente setenta y dos horas, y la despedazaré para conseguir mi pago.Existen personas en este mundo que aún creen en la magia. Yo, en cambio, solo creo en levantarme temprano, dormir poco, trabajar duro y poner en su lugar a quienes intentan burlarse de mí o me toman por un imbécil filántropo que hace obras de caridad.—Pero, señor Fernández… Deme otra oportunidad, por favor —discierno la hipocresía en la expresión del sujeto que tengo enfrente.—Las oportunidades vacías no dejan dinero. Pero, si estás tan interesado en no perder tu empresa, necesito una garantía.El hombre sentado frente a mí se queda sin habla por un segundo.—¿A… a qué se refiere, señor Fernández?—¿Quién sabe? —entrelazo las manos, apoyo los codos sobre el escritorio y me inclino hacia adelante invadiendo su espacio para disfrutar del miedo que muestra —. Tienes dos hijas, ¿no? —Esbozo una sonrisa ladeada al ver como sus ojos se a
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