Damián.-
Verla me dejó helado. Estaba allí, mi esposa, la mujer a la que le mentí para que se casara conmigo, para conseguir mi propio beneficio, defendiéndome ante el idiota que pretendía ridiculizarme.
En ese momento, la confusión fue la primera en apoderarse de mí. Nunca pensé que Olivia me defendería con esa rabia y esa pasión, mi abuelo tenía una enorme sonrisa en el rostro, los ojos le brillaban de orgullo. Ella parecía más una Lennox que yo mismo y más allá de odiarla, de envidiarla, m